La primera mirada es la de nuestra madre. La Raíz. Una mirada que necesitamos desde que nacemos hasta que morimos: la que nos reconoce, la que nos inviste, la que nos hace existir para el otro. Desde ahí partimos hacia la vida, hacia el umbral que elegimos —o que podemos elegir— como destino.
En ese recorrido, nos encontramos con nuestras heridas, nuestras marcas y con la forma en que aprendimos a sentir, a defendernos y a estar en el mundo. En ese proceso se va forjando nuestra personalidad y en ese tránsito, el flujo de la vida puede quedar bloqueado en nosotros/as. Cuando la mirada hacia uno mismo se pierde, enfermamos. Nos alejamos de nosotros/as, nuestro auténtico YO, del hilo que nos sostiene en la experiencia. Algo se interrumpe en el interior: el contacto con lo que somos, con lo que sentimos, con lo que nos pasa. La vida comienza a vivirse más desde la defensa que desde la presencia.
Si contactamos de nuevo con ese flujo (nuestra esencia), algo ocurre. Nos hacemos cargo de lo que sentimos, de lo que percibimos, de lo que nos pasa. Nos atrevemos a mirarnos desde la identidad que tuvimos que construir para pertenecer, para sobrevivir, para salir adelante, y también a reconocer cómo quedamos atrapados en esa identidad, como en una cárcel. Al soltar —sin pelearnos más, sin forzarnos—, al darnos cuenta de lo que hubo y de lo que ya no está, podemos acceder a otra forma de estar en la vida: más libre, más viva. Y desde ahí, al placer de lo que es y también de lo que ya no es. Desde el alma hay paz: la de la propia realidad. Se vislumbra la belleza del ser humano en su imperfección. Esa Paz es Raíz y Casa.
En Casa Raíz, acompañamos desde una mirada humanista, clínica, integral y relacional. Entendemos el proceso terapéutico como un espacio de encuentro, donde la palabra, el cuerpo, la emoción y el vínculo forman parte de una misma experiencia.
Nos apoyamos en lo clínico como fundamento de nuestro trabajo: la formación, la supervisión y el encuadre profesional son pilares que sostienen cada proceso. Creemos que una mirada verdaderamente humana necesita también rigor, responsabilidad y cuidado técnico.
No partimos de recetas prefabricadas ni de respuestas universales. Cada persona es única, cada historia tiene su propio ritmo y cada proceso necesita ser escuchado desde su singularidad.
Acompañamos desde la presencia, el respeto y la escucha. Sostenemos un encuadre que permite que la experiencia pueda desplegarse sin ser forzada, sin ser corregida, sin ser dirigida. Confiamos en la capacidad de cada persona para encontrar su propio modo de estar en la vida cuando se siente acompañada.
Integramos la psicoterapia y la psiquiatría como dimensiones complementarias de un mismo cuidado. Cuando es necesario, el abordaje farmacológico se piensa en diálogo con el proceso terapéutico, sin fragmentar a la persona ni reducir su experiencia a un diagnóstico.
Nuestro trabajo no busca eliminar el malestar de forma inmediata, sino ofrecer un espacio donde lo que duele pueda ser mirado, sentido y comprendido. Creemos que el cambio no se impone: acontece cuando hay presencia, vínculo y tiempo.
Casa Raíz está conformada por dos personas con trayectorias formativas diferentes, unidas por una mirada clínica afín y un compromiso con el acompañamiento humano. Al mismo tiempo, es un espacio que se sostiene también en el diálogo y la colaboración con otros profesionales de la salud mental, con quienes compartimos una red de intercambio, supervisión y trabajo clínico.